Carrera montaña Mularroya


¿Cosas que me faltaban por descubrir en esto del correr?  Pincharme un dorsal y no competir. Tomar la salida en una carrera y no darlo todo, no ir a tope desde el primer al último kilómetro.

Esto es lo que hice el domingo en la Carrera de Montaña de Mularroya, y la verdad es que merece la pena. Lo pasé bien y disfruté cada momento, ayudado también por el espléndido día que salió para correr. Lo de ayer es lo que tocará hacer bastante este año. Sólo un objetivo pero muchos entrenamientos y alguna carrera por el medio para probarse a uno mismo y para probar material y sensaciones. Era también dar una vuelta de tuerca más al cuerpo, afrontar una carrera como el sexto entrenamiento de la semana y sin haber modificado la rutina de los días anteriores. Y el resultado fue positivo. Evidentemente, no notaba la frescura de cuando has preparado una carrera, pero las piernas respondieron positivamente y no llegué a percibir sensación de cansancio ni agonía. El objetivo se cumplió.



21 Kms con 400 mts de desnivel positivo mezclando algo de asfalto con caminos, sendas y pistas forestales. A pesar de estar tan cerca de Zaragoza, no conocía está zona, que me ha sorprendido por bonita. El recorrido , muy variado, de monte bajo y mucho pinar lo he completado en 1h44’, que para ser yo podemos decir que es correr bastante. Los primeros cuatro, por asfalto pista, los completo por debajo de 4’30”, hasta que tomamos la primera senda y el recorrido comienza a picar hacia arriba. Se puede seguir corriendo, las piernas van bien y coronamos la primera cota tras unos cuantos metros en los que toca andar. Primer avituallamiento, k6 y 32' para comenzar un descenso sostenido por camino fácil que desembocará en el segundo ascenso del día, esta vez nada técnico y muy sostenido, todo el tiempo por buena pista. Por cierto, las vistas desde arriba son espectaculares.

De nuevo hacia abajo, esta vez ya por terreno bastante técnico en el que tenemos que poner cuidado. K10 en 54'13. Seguimos por un bonito tramo de senda estrecha y encajonada, demasiado estrecha a veces, donde se puede correr bien aunque con cuidado. La última tachuela es el ascenso a las ruinas de San Cristóbal, con avituallamiento donde paro un ratillo a ver si viene mi compi Antonio, pero no. Desde aquí ya es todo descenso, primero entre campos y más adelante por un estrecho cañón en unos tramos realmente bonitos hasta que a la altura del k15 (1h21') enlazamos con el recorrido de la carrera corta. Ya sólo quedan los kilómetros de descenso por pista y asfalto, donde aprovecha la gente que llanea bien para zumbarle de lo lindo, si bien me sorprendo a mi mismo y enlazo tres kilómetros seguidos a 4'10. Vale que picaba hacia abajo, jejeje.
En los dos finales me dejo llevar para esperar a Antonio, que venía cerquita, y entrar en meta juntos marcando 1h44' y amulando una media más a los entrenamientos, cerrando la semana en 137 Kms, muy satisfecho.

No había estado nunca en esta carrera y me ha sorprendido por lo chulo del recorrido. Habrá que volver, incluso algún fin de semana para hacer un entrenamiento, porque merece la pena. Lo mejor como siempre, la compañía de todos los que nos juntamos por allí, y que cada día somos más. Mención especial al grupo de los del Ebro y sus camisetas rojas.

Por cierto, los de la Federación de Atletismo siguen haciendo amigos. Al ser esta carrera de las de la FAA, con sus jueces y todo el percal, no permitían entrar en meta a los niños acompañando a sus padres. Y no hablo de los ganadores o los primeros, sino de todos. Una vez más, lamentable. Y otro motivo más para no federarse.

Os dejo el track:



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